martes, 11 de diciembre de 2012

Crítica sobre EL RINOCERONTE buscapoemas por Lucía Delbene







“El Rinoceronte Buscapoemas”: El cuerno de la discrepancia

El Rinoceronte, animal unicornado que aterroriza el territorio del drama, no propicia la abundancia como una simbología fácil pudiera aludir. Por el contrario, los habitantes del bosque y la aldea de “El Rinoceronte Buscapoemas (ERB)” dirigida por Alicia Preza con asistencia de Marcos Acuña, se hallan desprovistos de las sustancias fundamentales para la vida. Acuciados por la necesidad que los somete a un clima de angustia, interrumpido solamente por la aparición lunar de la Viuda Blanca (Cisa), la obra se inicia con la invocación que la Madre (Vizana: Isabel Gallo) realiza en el ritual que intenta producir la lluvia y el retorno de la vida.

El hambre y la sed determinan el estado de los personajes como un sortilegio que deberán romper para lograr la supervivencia en un trasunto de vida o muerte. Este alimento que los salvará de la embestida atroz del Rinoceronte, que viene esporádicamente a exigir su tributo de palabra poética, está vedado por una culpa original: el olvido de la Madre, su incapacidad actual para crear la poesía. En este sentido, ERB pone en juego las fuerzas de la creación y la disputa por la palabra distribuyendo a los agonistas del drama en una zona de combate en la que los personajes encarnan plásticamente los roles que los distribuyen en el cuadrilátero roto de la familia.

Es así que el origen manchado de la hija, el desconocimiento de su paternidad (Akaya: Valeria Capdevila) la inscriben en la estirpe cabal de los héroes, destino que ella no cumplirá como designio trágico de autoinmolación que redime a la comunidad, sino que este rol va a ser finalmente investido por Vizana, quien deberá recordar entrando en el orificio, ante el ataque inminente del monstruo, la palabra prohibida. De esta forma, la Madre se erige como la heroína trágica del drama, rol que comparte con el Padre en la disputa por el don de la poesía y que debe restablecer desde los reclamos de la hija por su incapacidad para proteger o proveer el sustento.

 El rol protagónico del Padre se ejecuta a través de la anagnórisis y el antagonismo. Jako, brujo poderoso que ostenta el poder de la palabra para someter, no gracias a sus propias potestades sino debido a los regalos que sus amigos “los poetas” le confieren, es quien finalmente, reconoce el error en que ha incurrido al erigirse en el déspota que llevaría a la Madre y a la Hija a la destrucción. Entonces se verá obligado a desencadenar, en la anagnórisis final, la memoria de la Madre: “Recuerda Vizana, todo empezó aquella tarde cuando escribías a la orilla del río y pronunciaste esa palabra, esa palabra prohibida”  

En la reparación del orden cósmico perdido del drama, quienes deben restaurar, en última instancia, el equilibrio de la comunidad frente al acecho ominoso del animal son tanto Jako como Vizana, que en sus errores (hybris trágico) habían producido la desgracia de la comunidad en el desamparo frente a la embestida de la bestia. Mientras que Jako había caído en el pecado del Padre, poder y sometimiento de la tierra, para Vizana se cumplía el de la Madre, olvido de los poderes fecundos de la creación.   

Desde una perspectiva de género, podemos señalar que este papel del opresor es encarnado por Jako, en quien se concentran, significativamente el rol de brujo – sacerdote – padre y amo, y que a través de sus enviados malditos (Mapula: Cisa) no cesa de hostigar a las mujeres. Quien ostenta la palabra poética sostiene el poder y esto lo sabe bien el Padre que utiliza los poemas obtenidos de sus amigos para subyugar a Vizana y Acaya, las cuáles deben suplicar el alimento sagrado cada vez que el animal se acerca en búsqueda de su diezmo. La Hija lo aclara al principio cuando huele el olor a la carne que se cierne en el aire: “si no le damos el alimento sagrado de la poesía, nos mata” 

La palabra prohibida, isotopía de la manzana, es fruto simbólico por antonomasia del tabú bíblico y proporciona el sostén nutricio junto con los dones de la tierra o la leche de la labradora, ante la carencia que Madre e Hija sienten incrementarse paulatinamente a su alrededor. La manzana se propone como abalorio femenino capaz de poner coto al abuso del padre sin llegar a ser suficiente y es ofrecida al público como un aliento por la Viuda Blanca (Cisa), personaje que materializa el numen femenino de la luna.  

No obstante, ellas saben bien que solamente la recuperación de la palabra prohibida devolverá la capacidad de crear a la Madre y con ello la libertad que había sido olvidada una vez por Vizana a la orilla de un río. El río del tiempo había provocado la pérdida de la memoria vital relegando la función de la Madre a la de simple vehiculadora no siempre eficaz de las potencias nutricias de la naturaleza, olvidando la verdadera fuente de la condición femenina: el poder creador – la palabra prohibida - que constituye el trasfondo en donde se juega la peripecia del drama.

El lenguaje del drama

El espacio, la iluminación, el sonido, el vestuario y el lenguaje de ERB se conjugan perfectamente en la construcción de los cinco personajes y sus interacciones que constituyen el enunciado de la obra. La instauración es desde el comienzo en los cánticos de la Madre, un paisaje mítico, una ucronía que alza un escenario no mimético. El lugar, el bosque y la aldea, el vestuario y la índole de los personajes retrotraen un  tanto al mundo mítico y feérico de Marosa Di Giorgio, famosa por sus jardines irisados y sus sotos atravesados por lo obscuro. En este territorio hechizado, donde funambulean Viudas de Blanco y asolan los demonios, el lenguaje de Alicia Preza toma cuerpo en su misma naturaleza. Es una poética de las sustancias, donde la leche y la miel, el agua y las piedras son nombradas en su verdad y exentas de manierismo para conjugarse perfectamente en el espacio que las convoca. La palabra fácilmente podría constituirse en alegoría de otros mundos, otras verdades que asoman desde lo circundante, sin embargo no sucede en cuanto ERB se propone como un espacio completo en sí mismo, autónomo, con sus propias reglas estéticas y de dicción. Creemos que en esta obra Alicia encuentra su palabra proponiéndose como una de las dramaturgas jóvenes prometedoras del momento. Es una pena que ERB no haya contado con el tiempo suficiente para el asentamiento de la obra y la condensación total de los personajes, pero sentimos que es una primera propuesta para refrescarnos en la fuente interminable de la  poesía.     

                                                                                                                        Lucía Delbene
   



     

1 comentario:

Jorge Ampuero dijo...

Interesante puesta teatral.
Nos leemos.

Saludos ;-)