domingo, 31 de agosto de 2008

ANÓNIMA


La salamandra está habitada.
Se dibujan seres en el fuego,
animales, espectros, lágrimas.
Dejo caer un fósforo,
un poema olvidado.
El temporal anuncia su llegada.
Una antorcha me saluda, a lo lejos.
Se parece a la muerte,
entrega una moneda por un cuerpo.
El invierno es una calavera
sonrisa alegórica de frío.
Tengo razones para esperar,
mis cenizas aplauden.
Es tiempo de celebrar
los fantasmas beben de mis senos,
leche caliente, sopa de rosas.
El último leño se apaga.
Tiembla la luna.
La oscuridad juega con mis ojos.
La ciudad está desierta,
me estremezco,
deambulo pálida, ojerosa, feliz.
Estoy muerta hace siglos
y nadie me avisó.
Alumbro al pasar, anónima.